En mi calidad de Rector de la Universidad Peruana Cayetano Heredia y Presidente de la Asamblea de Asociados del Consorcio de Universidades, es para mí un profundo honor dirigirme a ustedes con ocasión de la conmemoración del trigésimo aniversario del Consorcio de Universidades, un acontecimiento que trasciende la historia de nuestras instituciones y constituye un verdadero hito para la educación superior peruana.
Treinta años representan mucho más que el paso del tiempo. Representan la perseverancia de una idea, la fortaleza de una visión compartida y la convicción de que las universidades podemos lograr mucho más cuando decidimos caminar juntas que cuando avanzamos por separado.
Hace tres décadas, los líderes de nuestras universidades tuvieron la lucidez de comprender que la excelencia académica no se construye desde el aislamiento, sino desde la colaboración; que compartir capacidades no nos hace menos competitivos, sino más fuertes; y que el conocimiento alcanza su mayor valor cuando se pone al servicio de la sociedad.
Esa visión fue, sin duda, adelantada a su tiempo.

Hoy podemos afirmar con orgullo que el Consorcio ha demostrado que la cooperación entre instituciones con identidades distintas, pero con valores comunes, genera oportunidades extraordinarias para nuestros estudiantes, fortalece la investigación, enriquece la formación docente y multiplica el impacto que cada universidad puede tener en el desarrollo del país.
Cada proyecto compartido, intercambio académico, investigación conjunta y espacio de diálogo construido durante estas tres décadas constituyen evidencia de que la confianza institucional es un activo invaluable.
Pero toda conmemoración tiene también una responsabilidad: no solo mirar con gratitud el camino recorrido, sino preguntarnos con valentía hacia dónde debemos dirigir nuestros próximos pasos.
Vivimos una época de transformaciones sin precedentes.
La velocidad con la que evolucionan la ciencia, la tecnología y la sociedad está redefiniendo la manera en que aprendemos, investigamos, trabajamos y convivimos.
En este contexto, las universidades estamos llamadas a desempeñar un papel aún más decisivo.
Debemos formar profesionales con sólidos conocimientos científicos y técnicos, pero también ciudadanos íntegros, críticos, creativos y profundamente comprometidos con el bienestar colectivo.
Necesitamos educar personas capaces de aprender durante toda la vida, de adaptarse a escenarios cambiantes y de liderar procesos de transformación con ética, rigor y sensibilidad humana.

Uno de los desafíos más trascendentes es, sin duda, la innovación.
Innovar no consiste únicamente en desarrollar nuevas tecnologías. Significa generar nuevas respuestas para problemas complejos, conectar disciplinas que tradicionalmente trabajaban separadas y crear soluciones que mejoren la vida de las personas.
Las universidades debemos convertirnos en verdaderos ecosistemas de innovación, donde investigadores, estudiantes, empresas, Estado y sociedad civil trabajen conjuntamente para transformar conocimiento en impacto.
A ello se suma el enorme desafío de fortalecer la investigación.
En un mundo cada vez más complejo, los países que progresan son aquellos que producen conocimiento y no solamente lo consumen o tienen recursos naturales.
El Perú necesita universidades que investiguen más, que colaboren más y que transfieran ese conocimiento hacia políticas públicas, innovación empresarial y soluciones para los problemas sociales, ambientales y sanitarios que enfrenta nuestra población.
Desde la Universidad Peruana Cayetano Heredia conocemos bien esa responsabilidad, porque investigar ha sido siempre parte esencial de nuestra identidad. Pero también sabemos que los grandes desafíos nacionales exigen capacidades que ninguna institución posee por sí sola.
Por ello, la investigación colaborativa entre nuestras universidades constituye uno de los mayores patrimonios que este Consorcio puede ofrecer al país.

Sin embargo, hay un desafío adicional que no podemos soslayar.
El Perú atraviesa, desde hace varios años, una etapa marcada por una institucionalidad frágil, por la discontinuidad de las políticas públicas y por una creciente desconfianza de la ciudadanía hacia sus instituciones. En este contexto, las universidades tenemos una responsabilidad que va más allá de nuestras aulas y laboratorios. Estamos llamadas a contribuir al debate público con rigor, independencia y evidencia; a generar conocimiento que oriente mejores decisiones; y a formar líderes capaces de fortalecer el Estado y de construir consensos en beneficio del país.
La universidad no puede reemplazar a quienes toman las decisiones públicas, pero sí puede y debe elevar la calidad de esas decisiones. Cada investigación, cada centro de estudios, cada propuesta técnica y cada espacio de diálogo que promovemos representa una oportunidad para que las políticas públicas se sustenten en evidencia y no únicamente en la coyuntura. Esa es una contribución esencial para un país que aspira a un desarrollo sostenible y a instituciones más sólidas.
En ese propósito, el Consorcio de Universidades posee una fortaleza singular. La diversidad de nuestras disciplinas —desde las ciencias de la salud y las ciencias sociales hasta la economía, el derecho, la ingeniería, la gestión y las humanidades— nos permite ofrecer una mirada integral sobre los grandes desafíos nacionales. Si somos capaces de articular ese conocimiento y ponerlo al servicio del Estado y de la sociedad, podremos convertirnos en una voz técnica, plural y confiable para el diseño, la evaluación y el perfeccionamiento de las políticas públicas que el Perú necesita.
Si hace treinta años nuestros fundadores imaginaron un espacio de colaboración que parecía innovador, hoy nos corresponde imaginar un Consorcio aún más ambicioso: un referente latinoamericano de cooperación universitaria; una plataforma para impulsar investigación interdisciplinaria de alto impacto; un laboratorio de innovación educativa; un espacio para la formación de líderes comprometidos con la democracia, la equidad y el desarrollo sostenible.
Queridos rectores, distinguidas autoridades:
Los aniversarios no son únicamente momentos para celebrar.
Son, sobre todo, oportunidades para renovar los compromisos que dieron origen a los proyectos que hoy admiramos.
Renovemos, entonces, el compromiso de seguir confiando unos en otros.
Renovemos la decisión de compartir nuestras capacidades, nuestros talentos y nuestras mejores ideas.
Renovemos la convicción de que la cooperación seguirá siendo más poderosa que la competencia cuando el propósito es servir al país.
Que las cuatro universidades que conformamos este Consorcio continuemos siendo ejemplo de que es posible construir comunidad académica desde la diversidad, respetando nuestras identidades y fortaleciendo aquello que nos une.
Porque cuando las universidades trabajan juntas, no solo fortalecen sus instituciones.
Fortalecen el sistema universitario peruano.
Fortalecen la ciencia.
Fortalecen la formación de miles de jóvenes.
Y, sobre todo, fortalecen el futuro del Perú.
Que los próximos treinta años nos encuentren no solo formando a los mejores profesionales e impulsando investigación de excelencia, sino también contribuyendo decididamente a construir un Perú con instituciones más sólidas, políticas públicas mejor diseñadas y decisiones sustentadas en evidencia y conocimiento.
Ese será, quizás, uno de los mayores legados que nuestras universidades puedan ofrecer a las futuras generaciones.
Muchas gracias.
WILFREDO GONZÁLES LOZADA
Rector
UNIVERSIDAD PERUANA CAYETANO HEREDIA
Lima, 26.06.2026

Imágenes: UPCH.